24 6 / 2010

Laura estirada.

Va a una cita médica a que le estiren la espalda.

Entonces queda muy alta y por unos días (mientras la espalda se vuelve a recoger porque le gusta estar enrrollada, cada vértebra de la columna muy pegadita a la otra, para darse calor) es muy alta y comienza a entender cómo ven las jirafas y los gigantes el mundo. Y es muy bueno, porque es importante ver el mundo aveces con los ojos de los otros, sobre todo si los ojos del oro vieron el mundo desde arriba. Como Polífemo, como Van Gogh. Y entonces va a comenzar a ver bajitos a todos, como si no fuera usted la que se logró estirar, sino los demás los que de repente se volvieron enanos. Como si se levanta un día en Lilliput cuando realmente usted hoy, después de ir al médico se dió cuenta que pertenece a Brobdingnag. Y es que ser alto tiene sus dificultades, como por ejemplo, sentarse cómodamente en un cine o en bus y sin poderle contar a nadie (porque todos responden tonterías para salir del paso o para que los oigan a ellos) lo que se siente tener la espalda estirada. Sobre todo se me ocurre una pregunta, a quién le va a dar un abrazo?. Pero un abrazo de esos que se sienten rico, que no queremos que se acaben: de unos dos o tres minutos, con los brazos haciendo presión por momento y acariciando la espalda y la cabeza tratando de adaptarse a esa parte del cuerpo que queda entre los hombros y el cuello, y oliendo el pelo por la parte de atrás de la cabeza. 

Todo es cuestión de altura. De ver desde qué altura se ve o se deja de ver el mundo. Si queda muy muy alta al salir de la cita médica puede venir acá y yo conozco un postre mágico que permite crecer o decrecer según las circunstancias. Eso ya está en Alicia en el país de las maravillas.