04 5 / 2010
4:03.
Almohadas calientes. Cabeza caliente. Manos calientes. Cuerpo caliente. Es importante sacar los pies por un ladito y ventilarlos.
Con tanta calentura -pero no de esa-, más horas dormidas que despiertas, despues de haberme desatrasado con mis dos programas de niñas favoritos, haber chequeado facebook, el mail, el perdiodico de aqui y de allá, de rechequear facebook, hacer pipi una y otra vez, apagar la luz y volverla a prender, y dale, volverla a apagar, me encuentro asi. Enredada en un insomnio merecido y unos pensamientos que hacen rondas como tigres frenéticos de un lado a otro, y por eso, al final de todo, como última opcion me decido por escribir.
Finalmente pasó. Al saberlo, se me empapan los ojos de lágrimas, se me mueven los dedos y solo digo, ay mi camilocha. Despues de tanto desearlo, me parece increible saber que no voy a estar ahi para ayudar. Me imagino la casa vacía. Una venta de garaje masiva. Camiones. Mi papá con su sudadera azul supervisando y mi mamá metiendose hasta en las cajas.
Sin querer la cabeza empieza a revolcarse en esos 15 años. En saber que esa es la casa de los sueños de él, y que tuvo la suerte y la dicha de pintarla junto con su arquitecto, y que cada cosa, fuera como él queria. Cada cuarto, cada planta y cada cuadro puesto justo para él, y para ella.
La cabeza entra por ahi. Por ese puente iluminado para abrir la puerta y encontrarme con esa sabana preciosa y maravillosa. Preferiblemente cuando iba en la mañana a recojer la toalla de la lavanderia y me encontraba con un colchon de nubes blancas y pesadas que no dejaban ver mucho más, o a las seis de la tarde, cuando el sol se iba cansado, dejaba nubes que parecian sucias y las casas y carros decidian prender sus propias luces en su propio ritmo.
Despues paso por esa sala. La sala mas hermosa que he visto en mi vida. Con sus sillas, sus sofas, la mesa de madera inamovible, el cuadro de cami que mi papá muestra con orgullo y cami no. Una pared de piedra y ahi, la chimenea que nunca funcionó sin un previo calentamiento. Un bar con una lamparita hecha por mi papá, la esquina donde el árbol de navidad queda a la perfección y ese pollito. Oh, ese pollito que tanto nos vio como lagartijas en el sol, leyendo una y otra vez esas revistas de hace mas de 10 años, siempre comentandolas como si estuvieran recien impresas, mientras mi mamá aparecia con un masaje magico en los pies. Las charlas, franky, elvis, diana y las innovaciones y educacion de cami. Por supuesto de ahi pasamos a la terraza de los almuerzos fantásticos, que tocaba comer rapido porque el viento lo enfriaba todo a una velocidad voráz. Las palmas que despues de varios años tuvieron que tumbarse y los pajaritos que se veian desde ahi. El comedor con una mesa grande y manteles de colores. Con flores. Con velitas. Con comida hecha por mamá. Llena de pasta, de carne, de hamburguesas hechas en el asador, de pepinos rellenos, muss de maracuya, brazo de reina, ponques navideños, helados y langostinos.
Y asi, llego a la cocina. Cocina perfecta donde veo a mi mamá sentada fumandose un cigarrillo escondida con la luz apagada. Donde veo a mi papá leyendo el periodico a primera hora del día mientras tenia listas las arepas para mandarnos al colegio, despues a la universidad y al final, al trabajo. Siempre ahi, con su bata azul, su papaya y su café. Las paredes amarillas y rojas con hojas. Las ollas siempre hirviendo, las frutas siempre abiertas, los panes rebosantes y las rosquitas infaltables.
Las hortensisas siempre florecidas y los pajaritos suicidas siempre soltaban un lamento.
El día que pense que me habían roto el corazón llegue corriendo y llorando a sus brazos. Ahi. Y ella solo me sonrio y me abrazo. Con guantes amarillos y olor a mamá. Con un té y su silencio fue más que suficiente para saber que en realidad nada se había roto. Oh. Esa cocina. Esa cocina que lo vio todo. Y los vio a todos. Nos vio a todos.
El asadero que se convirtio en el mejor lugar para hacer el chorizotipococtel , donde se hacía el recuento semanal mientras pasabamos a la mesa.
Buh. Esa casa de techos aaaaaltos. ventanas grandes. pisos largos y perfectos para resbalar en las medias que tanto luchaban por tener siempre blancas. Lalita, las pantunflas mi amor. Ese olor a casa. El olor de los barreto como dice maya y como dice orrantia. El olor del amor, diria yo.
4.39.