24 2 / 2011
La Caida del Presidente
Botaron como un perro al presidente de la compañía (así, con p miníscula, porque ya no se ve grande ni se comporta con la altanería que se comportaba hace dos días). Entonces pasó de ser el Presidente, al tipo que no tiene oficina y que está poniendo la cara frente a los clientes, como el culpable-de-toda-esta-mierda. Lo que llaman el chivo expiatorio, para que los clientes queden tranquilos creyendo que el problema es la Cabeza (ya cortada) y no la Organización de la Compañía. O más bien, cortar una cabeza y la salvación, pero no, porque la Compañía es una Hidra, no hay forma de eliminar la imcompetencia. Y yo ya vi las primeras raices de la nueva cabeza de la nueva Presidente, que está al frente de la Prometedora Agencia de Publicidad, con promesas y un nuevo equipo de personas competentes y dispuestas a darlo todo por la empresa. A estar comprometidos de verdad verdad.
Y mientras tanto, los empleados hablan de los nuevos equipos, y de un nuevo tiempo (como si algo fuera a cambiar acá abajo, en los puestos mecánicos de salarios intercambiables) y de lo “mal” que iba las cosas, y de la ineptitud del extinto presidente (inaptitud demostrable y medida y comprobada por Los Jefes de la Red, invisibles y tenebrosos, que envian a un inferior en avión a despedir indirectamente al culpable de las quejas de los clientes, y de los malos resultados en cifras de lo que esperaban fuera todo un acontecimiento mundial), y si lo ven pasar, ya no se levantan de sus puestos con una sonrisa y varias preguntas innecesarias, sino que lo dejan pasar, cabisbajo y avergonzado de las nuevas rutinas que tiene que soportar antes de irse (porque debe trabajar hasta el último día de este mes, y todavía quedan doce largos días): ir al mismo baño donde se sienta el mesajero y no al baño del Presidente de la Compañía, baño sólo accequible al Lider Competente de la Organización. Baño cuyas llaves le pidieron, casi dicéndole usted ya no se merece cagar en esa baño. Y yo me lo encontré en el baño de empleados. No te mira a los ojos. Se mira en el espejo, pensando en lo que perdió y en el hecho que todos se están dando cuenta de esa pérdida. Y pregunta, qué tal joven?, bien gracias, y a usted qué tal va? (pregunta completamente estúpida, porque cómo le va a ir a un tipo que hace dos días tenía oficina, y hoy da vueltas por la oficina, buscando un lugar dónde sentarse, mientras pasan estos últimos días, y se va “dejando las cosas en orden”).
Y su remplazo. Una señora vulgar con muchísmo dinero, que trata de levantar mucho la cabeza para estar a la altura de la nueva situación (y porque además es bajita y gordita). Una señora que parece que se ganó la lotería y habla y camina y mira, sabiendo que todos sabemos que es ahora la nueva Presidenta de la Compañía. Una señora, que lleva detrás de ella un séquito de servidores (todos paisas) y atrás, después de todos, el expresidente, como llevado por las orejas, como un perrito que tiene que entrar a una sala, a hablar con los dueños del dinero y decirles en teleconferencia, si señores, ya no estoy al frente, les presento a Mónica, es una decisión de la Red, pensada para que todo funcione mejor, si, para mi también fue un gusto trabajar con ustedes, buenas tardes.
Despidieron al presidente incompetente de la Compañía. Está triste. Sus hombros ya no están erguidos, la mirada ya no tiene seguridad, su voz ya no suena con autoridad. Habla como un mesero al que le dieron una buena propina y piensa que en unos días ya no va a tener trabajo.